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  • Foto del escritor: Karla González Novion
    Karla González Novion
  • 8 dic 2024
  • 4 Min. de lectura

En este maravilloso país llamado Chile, así como en casi toda la Región, en el último mes del año se realizan todos los cierres existentes en el planeta. Así es mis queridas lectoras y lectores, ya que se termina el presupuesto anual de la empresa, se deben realizar los cierres tributarios, administrativos y contractuales.


A esto se agregan las evaluaciones de desempeño, de equipos de ventas, áreas técnicas y cuanto subgrupo de equipos existen en las organizaciones. Se entregan incentivos, bonos, metas, en fin, se reparte lo mucho o poco que las instituciones quieren compartir con sus colaboradores.


Por otro lado, se efectúan las celebraciones de fin de año, la famosa fiesta de fin de año, con premiaciones, karaoke, barra libre y así, en otras algo más pequeño y emotivo con amigo secreto, pero en la mayoría de los casos con algún brindis.


En paralelo la vida familiar y escolar tiene otros múltiples cierres de ciclo, donde uno de los más importantes es el término del año escolar, que pasamos a tener a los hijos en casa todo el día, y el desafío de cuidarlos se torna diferente (no se si mejor), y el refrigerador lo resiente desde el primer día que estas criaturas ya no van a sus clases. Se avecinan las graduaciones o ceremonias de entrega de diplomas, que en ciertos casos debe agregar la fiesta de graduación, con el respectivo vestuario glamoroso que conlleva una ida a alguna que otra tienda para su compra, y que una vez que vamos saliendo de dicha tienda estamos muy claros que no será utilizado más que para aquella noche del evento.


A veces se agregan más acontecimientos; alguna ceremonia de primera comunión, presentación artística o deportiva, según lo que los hijos tengan como actividad complementaria al colegio.


Sigamos sumando porque aún no hemos llegado al ámbito familiar, y ahí empiezan la Navidad y el Año Nuevo, dos fechas tremendamente importantes en el mismo mes, donde repartirse entre compartir con la familia del padre una noche, y la madre con la otra, es un quilombo como dicen los vecinos argentinos, sin considerar que en las familias de padres separados hay una negociación de por medio en muchos casos, para determinar quién pasa qué celebración con los hijos.


Yo me agoté de tan solo escribir todo lo que Diciembre nos trae y por ello te pregunto, ¿no estás con Fatiga de Material a estas alturas?


¿No te ocurre que estás durmiendo muy mal, o te duele el estómago o te sientes contracturado en el cuello? Cómo no sentir algo en el cuerpecillo que llevo conmigo y su maravillosa anatomía.


Y si te agrego un detallito más, en que además tienes temas de salud al pendiente y empezaste a hacerte exámenes e ir al especialista, ahí el panorama en las clínicas es bien agobiante, tratando de atender a tanto humano que camina agotado por este diciembre y que pide diagnostiquen su “Fatiga de Material”.


Bendito Diciembre como dirían nuestras abuelas, que se ocupaban de hacer pan de pascua, cola de mono, los regalos manuales de toda la familia, organizando la casa, la cena y la tribu familiar para reunirla en pleno. Estas mujeres sabias en su ámbito familiar lo llevaban con un equilibrio y sabiduría absoluta. Otros tiempos eran los que corrían por los años 70 u 80, con un Chile menos digitalizado, sin mall, ni tanto consumismo y eventos como el de este diciembre del año 2024.


Mi primera exclamación “Conténganme amigas y amigos, para cerrar diciembre sin “Fatiga de Material” y que esta anatomía pueda pasar el terremoto del último mes del año, aprémiense y pongan más refuerzos a este material para que no falle.” En varios grupos de whataspp mando mi mensaje, y de inmediato aparecen memes, emoticones que producen risas a niveles máximos, y me provocan una catarsis de carcajadas.


Entonces me pongo a pensar que más que refuerzos, lo que necesito para no llegar a la rotura es ponerle más humor a este mes, sí estimadas y estimados, humor, de ese que consumimos de manera virtual en las redes y tik tok, ponérselo a nuestro día a día de locuras y ajetreos.


Cómo no reírse de las innumerables tonteras que pasaron este año, las veces que creí iba perfecto y a medio camino me reconocí en el camino equivocado, cómo no recordar el malabarismo realizado para llevar el circo de la casa, familia y trabajo, algo entre Circu Di Solei y Los Tachuelas, con acrobacias infinitas para cumplir las innumerables tareas simultáneas que el sistema me regaló en sus 52 semanas, sin perdonar nunca.


Cómo no sonreír a las selfies tomadas con mis amigas de esa nueva Red de Mujeres que conocí, y que maravillosamente coincidimos en esa capacitación que realizamos, y cómo no apreciar a la antigua Red de Mujeres que siempre aparecen en las crisis, las separaciones o quiebres de la vida.


Imposible no estrujarse de la risa por las varias veces que no llegué a tiempo a alguna reunión en el colegio de los hijos, o peor aún llegué a una reunión equivocada, y gracias al whatsapp de las mamás del curso pude salir digna de aquella ridícula situación. Y así cuantos ejemplos de desaciertos con los de uno, confundiendo fechas, lugares, celebraciones, con una agenda intensiva de actividades, idas a buscar y miles miles de colaciones y loncheras con almuerzos preparadas.


Yo me quedo con la alegría de los cafecitos con las amigas, y los amigos, de esos intensos momentos de contarlo todo en tan poco tiempo y como vaciar el estatus en que nos encontramos en tan solo 2 relatos a doble velocidad.


Yo creo que la Fatiga de Material que en Diciembre me aparece se puede abordar con refuerzos a la estructura que llevamos con tremendas dosis de mucho buen humor.


Estimad@s ya llegar a Diciembre es un Milagro, digno de plasmar en una selfie titulada “No sé cómo llegué aquí”. (1)


Qué más saludable que reírse de uno mismo a estas alturas del año, y sobre todo ser realistas de lo que lograré cerrar en estas horas que quedan de este año 2024.


Diciembre, ¿con Fatiga de Material?

 

(1)   “No sé cómo llegué aquí”, frase de una Amiga de la Nueva Red de Mujeres, y que podría ser próxima columna.

 
 
 
  • Foto del escritor: Karla González Novion
    Karla González Novion
  • 23 oct 2024
  • 5 Min. de lectura

Parto esta columna con la siguiente pregunta ¿Tú compras basura?


La gran mayoría ante esta interrogante responderá que no, quién sería tan extraño para pagar por la basura, cuando siempre queremos se la lleven de nuestro hogar.


Estimados lectores hay un alcance especial en la pregunta, ya que me refiero a la gran cantidad de cosas que compramos y que en un porcentaje se transforma finalmente en basura, en el corto o mediano plazo. Es decir, casi todas mis compras llevan implícita una cantidad de basura.


Puede ser que aquello que adquirí luego de varios usos pase íntegramente a ser basura dentro de mi casa, o parte del producto no sea utilizable (empaquetado por ejemplo) y se bota directo al tacho de la basura.


El constante ambiente de consumismo de las redes y medios de información nos incentiva permanentemente a comprar cosas, y que en su mayoría no sabemos lo que son, efectivamente, por ejemplo si compro un artículo, ¿me entero del material del que está fabricado, y del origen del mismo?, ¿analizo si le puedo dar un uso posterior a la vida útil que estimo darle?.


En realidad, la decisión de vida útil que le doy al producto puede ser parte de la problemática, pues en estos tiempos hay productos que duran cada vez menos, y los cambio con demasiada facilidad, sin cuestionar la basura que produzco al desechar su uso.


Voy a poner un ejemplo doméstico; el hervidor eléctrico aquel que reemplaza la antigua tetera. ¿Este electrodoméstico tendrá un tiempo de duración o vida útil de un año?, o dos, realmente no creo que más tiempo. Si ciertos productos duran menos, vuelvo a comprarlos una y otra vez, y entonces genero basura en cada compra, es decir, compro basura al unísono con el hervidor, en este ejemplo. La lógica que hay poco explícita en la oferta de electrodomésticos de vida corta es parte de la cadena de compras en la que caemos con frecuencia. La tecnología hace lo suyo, pensemos en la cantidad de celulares que cada uno ya ha utilizado a lo largo de su vida, serán 5 o 10, algo así debe ser.


El modelo económico que hemos creado como sociedad es así, consumir y consumir, sin reparos de cuanta basura producimos, y cuantos desechos aporte al sistema, algo así como Mi Huella de Basura.


Todo trae basura, los alimentos tienen un envoltorio, qué si no lo reutilizo, va al reciclaje, entonces su compra conlleva una cantidad de desecho.


Hay alimentos que se compran directo en el centro de producción, algo así como la compra del kilo de frutas en la feria, que si llevo mi bolsa no genero basura, y es consumido al 100% por el grupo familiar. Otros alimentos con cáscaras y partes que no se consumen pueden ser input de un compost o secado para semillas, pero convengamos que eso es de más trabajo y no siempre estamos dispuestos a invertir tiempo y disponer del espacio, por lo cual algo de basura orgánica queda de esta compra.


Ni hablar de la variedad de electrodomésticos y utensilios de nuestras cocinas, parecen un verdadero shopping al interior de ellas.


Recuerdo que antes solo existía la preciada Juguera con la cual hacías de todo, y que al estropearse la llevaban al eléctrico del barrio, que con algún cambio de repuesto era posible extender su vida útil, y seguir utilizando para los jugos naturales de la Juguera Familiar a lo largo de toda la infancia.


Esta práctica antigua de arreglar las cosas a toda costa se ha perdido, y veo difícil de recuperar.


¿Podemos vivir con menos? Por supuesto que sí, siempre se puede, pero estamos adormecidos con el consumismo. Siempre hay algo que me quiero comprar, algún pendiente, de ropa, tecnología, electrodomésticos, decoración, en fin.


¿Si compramos menos, las empresas grandes y pymes empiezan a caer en picada?


Talvez si, tal vez no, tal vez es una oportunidad para desarrollar productos que siempre tengan un segundo o tercer uso, más allá del reciclaje, me refiero a una utilización al interior de mi propio hogar, sin tener que dejar en acopios de reciclado y que se deban agregar procesos para su adaptación al siguiente uso.


Hay que darle más vueltas a los productos que compramos y que nuestra compra sea más sostenible, y en mis preferencias como comprador estemos dispuestos a pagar más por una compra mejor.


Analiza tus compras e intenta clasificar cuanto de basura traen y tenlo en cuenta para tu próxima compra.


Los acuerdos de producción limpia, las buenas prácticas, economía circular y otros conceptos son claves para que se avance en esta materia, pero lo más de fondo es la CULTURA que está instalada en nuestra sociedad, que a mi parecer incentiva la compra “on line y express”. Las plataformas shein, aliexpress, temu, alibaba, entre otras ofrecen tantas variedades de productos que es difícil no caer en la tentación de comprar, porque son en general económicos, y se ven atractivos, pero la pregunta es ¿necesito este X producto que estoy a punto de comprar? ¿alguien se daña con mi compra?


Estimados lectores se estima que cada habitante de Santiago genera 1,3 kg diarios de residuos, de los cuales sólo un 10% se envía a reciclaje, cifra superior al promedio nacional. Las regiones que le siguen en cantidad de residuos son Valparaíso (10,6%), Biobío (9,3%) y Coquimbo (5,2%). (1)


Todos compramos basura, por internet, de manera presencial, con tarjeta de débito o de crédito, todos somos parte de las múltiples compras diarias de basura planetaria, y por lo tanto en cada compra incrementamos los volúmenes de desechos de nuestro único planeta.

Si se valorizan los impactos, la tecnología y la innovación se pueden encontrar alternativas de mejora, y con ello tener un ecosistema de emprendedores y consumidores que con los mismos valores de sostenibilidad tengan un perfecto match, y migremos hacia compras más verdes y dispuestos a pagar por ello. Todo esto requiere la voluntad de cambiar hábitos de consumo a escala mayor, con marketing adecuado y profesionales que trabajen para ello.


La población mundial que irá aumentando la esperanza de vida y con tasas de natalidad menor, tendrá personas más grandes en un porcentaje cada vez mayor, y ello puede ser un buen efecto porque pienso que con los años se te van calmando los deseos de comprar, o eres más reflexivo en el actuar entonces las compras impulsivas deben ser menores….la edad te va aportando una mirada más armónica con tu entorno y más reflexiva sobre lo que realmente necesitas para vivir.


El ecommerce en Chile está dominado por los jóvenes laboralmente activos, y a nivel mundial corresponde al 20% de todo el comercio minorista mundial, así que en un mundo tan digitalizado hay que tener en cuenta lo mucho que se facilita la adquisición de bienes y servicios, que en este caso me parece hace más asequible la compra compulsiva que nos viene de vez en cuando, sobre todo en los cyberday.


¿Y tú crees que podemos comprar menos BASURA?

 

Esta reflexión se inspiró de unos interesantes comentarios del Grupo de Whatsapp Sostenibilidad que aprecio cada día más. Gracias.

 

 

 
 
 
  • Foto del escritor: Karla González Novion
    Karla González Novion
  • 6 ago 2024
  • 4 Min. de lectura

Actualizado: 6 ago 2024

Hasta hace un tiempo la mejor actitud de un líder o jefe era no opinar de nada que no estuviera vinculado con su quehacer, es decir, mantenerse al margen de todo cuanto ocurriera en su entorno dentro o fuera de la organización en la que desempeñara su cargo.


Hoy, por el contrario, un líder que no se involucra dando su opinión, expresando su pensar, parece poco humano y su actitud puede ser interpretada como indiferencia o falta de empatía. Mostrarse tan alejado o no conectado con el entorno y sus acontecimientos parece falta de humanidad, por lo cual un líder cercano y que aspire a tener conexión con su equipo tendría que tener conexión con el sistema que lo rodea.


Tener opinión no es necesariamente tener una columna de opinión permanente, como un periodista o escritor regular, no me refiero a eso, más bien lo relaciono con opinar y apreciar los espacios de conversación privados y sociales, como una forma de transmitir su pensamiento y valores que lo inspiran y se relacionan con su propósito.


Aquellas personas que son parte de mi equipo están escuchando mis opiniones siempre, las más explícitas y las muy escondidas, así como esos silencios que otorgan cierta aprobación o complicidad, por lo cual a veces es mejor dar una opinión, que dejar que el silencio se tome la ocasión.


Estamos en tiempos donde se opina de todo, el mundo de las encuestas, entrevistados en la calle, y así, donde se opina de aquello que ocurre al interior de mi empresa y de lo que acontece afuera de ella, su diversidad de temáticas es extensa, así como la densidad de las mismas y su impacto. Tenemos grandes temas y también pequeños, pero en todos los casos son problemáticas que afectan a alguien de mi equipo, directa o indirectamente, y me refiero a temas como; equidad de género, migración, sostenibilidad, empleabilidad, era digital, elecciones en Chile y en el mundo, crisis ambiental, crisis climática, delitos financieros, aumento en la cuenta de la luz, y así, un gran espectro de titulares.


Cómo líder o jefe debo tener una opinión y me merezco expresarla, con equilibrio y madurez obviamente, no por redes sociales como respuesta impulsiva a algún estímulo de algo que está ocurriendo, si no con altura de mira, para aportar a la discusión y construir una conversación más enriquecida y participativa.


En este era digital, de respuestas instantáneas, directamente del estómago, se está normalizando el opinar desde el ego y como una descarga de electro shock, dando un pésimo modelo de comunicación a las nuevas generaciones. Parece que la rabia inunda las redes sociales y se apodera de esos dedos inquietos que escriben mensajes disruptivos e infelices, a veces solo para llamar la atención de la comunidad digital.


No vivimos en el País de las Maravillas, donde habitaba Alicia, lo sé, pero estoy segura que hay cosas buenas que rescatar del entorno donde me desenvuelvo, y hablar de eso crea realidades estimulantes para nuestros equipos de trabajo, y en esto el líder puede hacer una bonita labor.


Las habilidades comunicacionales deben propiciarse en todos los colaboradores de un equipo, y sobre todo en los líderes actuales y futuros. El lenguaje es un canal de comunicación fundamental y para una comunicación efectiva y constructiva hay que promover espacios seguros de conversación donde nos escuchemos todos.


No se trata de ser opinólogo, si no de expresarse cuando se genera una instancia, y transmitir mi visión con respeto hacia los demás, sobre todo a los que piensan distinto, y tener la apertura y empatía para escuchar.


Si opino exclusivamente para tratar de convencer, mi porfía puede ser una fricción muy desagradable para quienes me escuchan, a diferencia de si me intereso genuinamente por la manera de pensar de los otros, esos que están en mi entorno cada día y tal vez no han tenido la oportunidad de dar su opinión.


Las conversaciones adultas pueden abrir mundos y crear momentos socialmente muy apreciados por las personas con quienes convivo, en especial en el trabajo, donde las opiniones que nos vamos formando de los otros surgen de ese mapeo a nuestros colegas cuando compartimos visiones. Siempre impactamos en nuestro entorno, con las energías que llevamos en el cuerpo y los pensamientos que cargamos en nuestro disco duro, son como una energía electromagnética que emitimos a nuestro paso, más aún impactamos con nuestras opiniones.


En un mundo de tecnologías y sistemas digitales tan avanzados, con inteligencia artificial a nuestro alcance, que dan muestra de los ágiles avances y desarrollo en nuestros entornos laborales, también deberíamos evolucionar en las conversaciones que estamos instalando y propiciando, más bien desde la filosofía y el mundo de lo social ampliar nuestra forma de pensar, así irnos preparando para los desafíos desde lo humano, y no solo lo técnico. Esto se construye en un sustrato de conversaciones, opiniones, visiones que los equipos de trabajo tengan, dando permiso para ello, fomentando una cultura para la conversación. No todo está en la pantalla del computador, hay mucho por descubrir en reuniones y espacios con cafecitos, sobre todo luego de los años de pandemia, que probablemente suprimieron las habilidades sociales de más de alguien.


A conversar, opinar y mirarse a los ojos, porque así ampliamos nuestros mindset y nos podemos llevar los unos a los otros a mundos superiores.


Yo prefiero un líder con opinión, y tú?

 

 
 
 

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