
La flexibilidad es esa capacidad de doblarse sin romperse.
Los ejercicios de flexibilidad permiten aumentar el rango de movimiento de las articulaciones y facilitar los movimientos del cuerpo, entre otras cosas.

Por ello cuando hacemos actividad física es recomendable realizar ejercicios para mejorar la flexibilidad, que nos permiten realizar un entrenamiento más completo y efectivo.
Cuando dejamos de estar flexibles físicamente nuestro cuerpo lo nota, y empezamos a estar más rígidos, con menos libertad para movernos, y nos comenzamos a agarrotar.
La flexibilidad mental es algo no muy distinto, en la medida que nos ejercitamos conscientemente en aumentar el espectro de pensamientos, ideas y visiones, estamos más habilitados para integrar nuevas ideas, situaciones y cambios que acontecen en nuestro entorno.
Nuestro cerebro se puede adaptar a nuevos pensamientos y opiniones, si así lo queremos, es más bien una decisión consciente la de ejercitarse en la flexibilidad mental y llevar al cerebro al gimnasio a entrenar.
¿Merece la pena ganar flexibilidad mental? En mi opinión es absolutamente necesario para vivir con real conexión humana y con sentido permanente.
El autor de la teoría de la evolución, Charles Darwin, decía “No es la especie más fuerte, ni la más inteligente la que sobrevive, sino la que mejor se adapta a los cambios”.
Los seres humanos vivimos alrededor de 8 décadas, es decir, lo más evidente es que los cambios a los que estamos expuestos a lo largo de la vida sean infinitos, y el estar conectados entre todos los que habitamos el planeta es algo cada vez más habitual, o al menos una porción de sus habitantes nos conectaremos alguna vez en nuestra vida, por motivos laborales, culturales, sociales u otros, es decir, nos comunicaremos con personas muy distintas a mi persona a lo largo de nuestra vida.
La posibilidad de construir dinámicas de trabajo, relacionamiento, mesas de trabajo, grupos de intereses y agrupaciones varias son el camino más común de abordar un proyecto laboral o personal, y es a través de la comunicación efectiva que realizo este desafío.
Hay una estrecha relación entre la comunicación efectiva y la flexibilidad mental, son como primas hermanas, se potencian una con la otra.
La flexibilidad mental me facilita la creatividad, la capacidad de cambiar de perspectiva y de ser consciente de mis propios pensamientos.
Cuando me intereso genuinamente en el otro, lo escucho con todos mis sentidos, y apago mis propios sesgos y juicios, con la idea de hacer un ejercicio verdadero de escucha, en ese preciso instante dejo que ingresen nuevas ideas, opiniones y formas de ver el mundo a mi mente, y las barreras que habitualmente me pongo para integrar nuevas perspectivas las dejo caer.
Si quiero flexibilizar mi mente debo entrenar, y parte de la rutina es escuchar sin resistencia, apagar las voces de mi ego que me hace creer que no necesito recibir nuevas opiniones.
Si me muevo por la vida como experta en X, Y y Z, y anclada en mis historias de aciertos y éxitos que me ratifican lo capaz que he llegado a ser, estaré perdiendo la posibilidad de aprender.
El aprendizaje es una tarea permanente en la vida, podemos ser alumnos de nuestros colaboradores, los jóvenes, de personas de otras áreas técnicas, de nuestros propios hijos, y de nuestros abuelos siempre, porque en la vida estamos rodeados de situaciones y retos muy heterogéneos por enfrentar.
Escuchar a aquellos que piensan diferente, grandes y chicos, que vienen de otras disciplinas, de otras culturas y con otras historias de vida es muy relevante. Esto es un nutriente para el cerebro, algo así como los probióticos para mejorar tu sistema inmunológico, pero este nutriente mejora tu sistema adaptativo, un elemento sustancial en la flexibilidad mental.
Cuando me aferro a las ideas que traigo en mi mente, cuanto más me apego, más me están ellas mismas rigidizando, algo así como una artritis de las ideas o una artrosis mental.
Llevar el pensamiento por otros carriles es un viaje fundamental para experimentar nuevas vías de conexiones mentales.
Incluso llegar a estar en desacuerdo contigo mismo es un acto de grandeza mental notable, y que da cuenta que estás evolucionando, que puedes querer algo que antes jamás habrías acogido en tu vida, o cautivarte por una nueva práctica artística que no conocías, y así, probar una actividad física distinta, o empezar a comer diferente, vestir con otros colores, cambiar tus rutinas, manejar por otras calles, es decir, permitirte explorar y descubrirte en esa aventura física y mental.
Que nuestra mente no se rompa al intentar doblar su filosofía y en cambio se permita ampliar el espectro de ideas que la renueven, es un acto de valentía y amor hacia nosotros mismos.
El Dios en que creía hace un par de décadas tampoco será el mismo probablemente, porque si yo he cambiado, mi idea de él y mi relación con él, también habrá cambiado.
El porqué de tantas cosas, del amor de pareja, de mi rol como madre, del propósito por el cual trabajar, del país que aspiro construyamos, y así, puede ir cambiando, así que no es necesario defender con tanta porfía mis antiguas creencias, en el propio ejercicio me rigidizo, como aquella torticolis que me viene cuando me estresa la vida….en cambio si me abro a la riqueza de revisar mis creencias puedo salir enriquecida con ella.
Y tú, ¿llevas a tu cerebro al gym?
Un último dato; en el yoga que ve al cuerpo y la mente como una sola unidad, se cree que la flexibilidad física y la flexibilidad mental están profundamente relacionadas.


