top of page
Buscar
  • Foto del escritor: Karla González Novion
    Karla González Novion
  • 20 feb 2025
  • 4 Min. de lectura

Soy de las personas que creen que hay que dar espacio a los cambios, porque nos renuevan, nos ponen a prueba, y pueden abrirnos oportunidades, pero además porque nos ayudan a cerrar ciclos.


Para cambiar algo, hay que mover piezas, sacar los muebles, pintar los muros, limpiar por aquí y por allá. Esto que parece simple en un espacio físico de nuestro hogar requiere tiempo y planificación. Es decir, no comienzo pintando las paredes, sin antes limpiar muy bien sus muros, y tampoco instalo muebles nuevos sin sacar los antiguos, porque hay que desocupar y despejar primero, así como limpiar profundo.


Esto no es muy diferente de un cambio en la vida, es decir, no puedo comenzar genuinamente una nueva relación si no finalizo la antigua, es fundamental vivir el duelo, limpiar mi alma y mi mente, y esto no es algo automático como prender y apagar la luz, es de una limpieza profunda y amorosa con mi corazón.


Sacar los viejos muebles de mi interior, sobre todo aquellos que no combinan con lo que intuyo se viene o aquello por lo que estoy apostando, puede ser muy poderoso. Suspender esas viejas creencias y paradigmas limitantes que están frenando mi aprendizaje y mi propia evolución es un requisito para las nuevas posibles aventuras.


¿Cuándo cambiamos?


Cambiamos con la ruptura de una relación, cuando nos dejan, o cuando dejamos de amar al otro.

Cambiamos cuando nos despiden del trabajo o cuando sabemos debemos partir de él.

Cambiamos cuando nos mudamos de país, o de ciudad.

Cambiamos cuando nos diagnostican una enfermedad.

Cambiamos con la pérdida, con el abandono.

También cambiamos con el amor, y por supuesto cambiamos con el éxito


Las experiencias intensas y profundas nos habilitan para cambiar, son un cultivo para el cambio, un especial abono en la tierra de la transformación. Puede ser un proceso difícil y a veces nos hace cambiar de piel, y eso puede doler mucho.


Si no hay circunstancias externas que nos lleven al cambio, podemos estimular ambientes nuevos para promoverlo en nuestras vidas.


Si seguimos conversando de los mismos temas, con las mismas amistades de siempre, no agregando nuevas amistades, no nos damos tiempo para hablar con los más grandes o los menores, ocurre que no entramos a esos mundos nuevos de otros temas, de otras personas y de distintas generaciones a la nuestra.


Si además me muevo por mi mundo sin genuina escucha no dejo entrar a mi mente pensamientos nuevos, lo continúo alimentando con más de lo mismo, pero no lo estoy nutriendo con nuevos alimentos intelectuales, con nuevas recetas de cocina, de nuevos sabores y aromas.


Lo más cómodo es seguir pensando igual, no me altera, estoy en un espacio conocido y no entro en dudas, es un camino tranquilo y seguro…..pero con un paisaje terriblemente aburrido.


Si ya pasaste los 50 años, como yo, y no te haces una Renovación Mental, estarás destinada a seguir pensando muy parecido, sin dejar ingresar a tu sistema mental nuevas miradas, disruptivas muchas, extrañas otras, inexplicables varias, pero que son señal de lo que está pasando en el mundo o en lo que se está convirtiendo.


Si no abro nuevas carreteras de pensamientos en la mente, éstas no se crean nunca, y sigo circulando por las tradicionales vías de tránsito de mis viejas ideas.


El cambio también se busca, hay que tomar acciones para que ocurra, puede ser simple, tan sencillo como realizar un curso, tomar un taller, pero no en aquello que soy experto, si no en algo que realmente quiero aprender, no hay mejor ambiente para cambiar que el del alumno ávido por aprender.


Practicar un nuevo deporte o baile, o alguna actividad física en que deba moverme distinto, y conocer personas que nunca vi, y que me obliga a dejar los prejuicios en casa para relacionarme libremente con mis nuevos compañeros, eso propicia el cambio.


Acercarse y conocer una cultura muy diferente a la mía es un viaje a lo desconocido alucinante, que está acompañado de adrenalina e incertidumbre, así como de aventuras y risas, eso también estimula el cambio.


En el cambio nos reinventamos en cierta medida y a momentos echamos mano a la creatividad y la improvisación para abordarlo.


En cuanto a la creatividad puede ser maravillosa si tiene una antesala de falta de claridad, misterio y sorpresa, y puede traerte elementos desconocidos a tu playlist de visiones que llevas en tu Spotify de la vida.


Agrega nuevos temas a tu playlist, para llevarte a otras emociones que la música provoca y te conectará con nuevas ideas y miradas. Sumérgete en podcasts opuestos a lo tuyo o diferentes, y te encontrarás con un mundo de conversaciones que desconocías.


¿Cuándo cambiamos? Cuando le damos valor al cambio en nuestras vidas, y sobre todo si logramos desapegarnos de las viejas ideas que tenemos sobre nosotros mismos y sobre los nuestros.


Ante la clásica pregunta ¿cómo te ves en 5 o 10 años más?


Si llegas a verte muy parecido, con más canas y nada más, sugiero que cierta rigidez mental podría estar contaminando tus neuronas y tu alma. Si por el contrario el futuro te parece una aventura y te ves en cosas diversas y distintas, creo que en tu interior estás marinando un cambio, así que prepara tu valija con aquel vestuario que combina con esta nueva fase o ciclo que está comenzando….se siente se siente, el cambio está presente!!!


Experimenta pequeños cambios en tu día a día, algo así como: prueba nuevos alimentos, cocina una nueva receta, conduce por nuevas rutas, experimenta un cambio de look, sorpréndete a ti mismo, escucha un nuevo podcast, en fin, dale…..Te mereces vivir algún cambio y ver en el espejo a esa nueva mujer o ese nuevo hombre que se asoma queriendo saludar y traer nuevos mensajes a tu mundo.


Luego de cambiar ese espacio de la casa, con toques más modernos, minimalistas, nuevas plantitas, en fin, viene el disfrute de la renovación lograda, y así mismo te toca a ti, contemplarte en los cambios y conectar contigo, y conversar sobre cómo te vas sintiendo y sobre todo disfrutarlo.


 Yo valoro el cambio, el antes y el después, así como todo su proceso.

 
 
 
  • Foto del escritor: Amparo Velasco
    Amparo Velasco
  • 24 ene 2025
  • 4 Min. de lectura

No sé ustedes, pero este nuevo año 2025 me pilló en un estado emocional bastante extraño.


No sabía si sentir esperanza e ilusión o quedarme en la ansiedad de lo que viene, y en la urgencia por aprovechar al máximo cada año que me queda. Y es que ahora cada año que pasa me asusta un poquito. Es inevitable para mí hacerme las siguientes preguntas:


¿Me queda un año menos y qué he hecho?


¿Qué me falta por hacer?


¿Qué es lo que realmente quiero hacer?


Uno se va encontrando por todas partes con la frasecita del “propósito”, con titulares del tipo “Encuentra tu propósito y todo va a cambiar”, o “Deja lo que no te sirve y dale espacio a lo nuevo”, en fin, frases como éstas. Les digo que yo terminé pensando que tal vez no tengo ningún propósito,…o que mi propósito es seguir buscándolo. Paradójico, ¿no?


Ya el tema de la fiesta de Año Nuevo me estresa, porque me he auto impuesto la obligación de pasarlo súper bien, con un ambiente increíble y bailar como un trompo y feliz toda la noche. Porque todo el mundo sabe que eso es el mejor augurio para tener un nuevo año espectacular. Pero al final, lo que termina pasándome nunca alcanza mis expectativas, y me quedo con la sensación de que estuvo “regularcito” no más. No estuve ni tan feliz, ni bailé tanto como quería. Es decir, los primeros minutos del año ya me dejaron con una sensación de desilusión que después debo trabajar obsesivamente para convertirla en algo positivo, (porque soy muy matea en esto del pensamiento positivo), para evitar que se transformen en una profecía negativa y autocumplida.


Por eso, ¡me obligo a darle la vuelta a esa sensación trasnochada de mente y cuerpo y convertirla en imágenes mentales de pura felicidad! No crean que es tan fácil y por supuesto que requiere de cierta maestría hacer que tu mente te obedezca. Eso también todo el mundo lo sabe, y a mí, me sigue costando bastante. Es mucho más fácil que aparezcan los pensamientos indeseables y que me secuestran por varios minutos sin darme cuenta siquiera. Pero hay que hacerlo con tenacidad y yo me obligo, de lo contrario, la preocupación infinita por haber desperdiciado la oportunidad de asegurar el mejor presagio para el año, se instala en mi mente.


Después de la fiesta, siempre recuerdo una creencia que aprendí en el sur: “Los primeros 12 días de enero representan cada mes del año.” El 1, 2 y 3 suelen ser calurosos, simbolizando enero, febrero y marzo, mientras que el 6, 7 y 8 tienden a ser más frescos y nublados, como los meses de invierno. Incluso en Santiago, siempre encuentro alguna nube que confirme esta teoría, especialmente en los días “invernales”, y disfruto comentarlo con los santiaguinos escépticos. Es un pequeño ritual que me conecta con esa mirada mágica y sureña hacia lo cotidiano, y lo amo.


Este inicio de año hice algo diferente en esos 12 días: me senté con una amiga en un café a compartir nuestros “Manifiestos para el 2025”. No eran metas ni planes por hacer (eso ya lo hacemos en piloto automático; ambas somos bastante programadas y estructuradas con nuestra mente ingenieril), sino formas de ser y estados internos para afrontar el año. Tuvimos un intercambio de “propósitos” o “manifiestos”, como ella tan sabiamente los llamó, y nos copiamos un par que nos calzaban perfecto a cada una. La cosa era ir más profundamente a nuestra esencia. Y en ese ejercicio de introspección descubrimos un montón de cosas comunes y valiosas que merecía la pena mantener y destacar, y otras, que definitivamente había que eliminar. Pero todo poniéndolo en positivo, claro está. ¡No perdamos el foco! ¡Siempre en positivo!

 

Mi primer manifiesto fue potente: ¡¡Soltar Todo!!


Y sí. Este año tengo que soltar especialmente aquellas cosas que me robaron momentos que pude haber disfrutado del año 2024 y que no lo hice porque me quedé pegada. Porque entender que hay recuerdos que no nos sirven, no es el tema. Es cómo atreverse a soltarlos… Soltar lo que no me sirve, lo que me roba la alegría, y lo que no puedo controlar. Es un acto de fe en la vida y en los procesos de ella. Algo que todavía me cuesta, pero que sé que debo aprender a hacerlo.


Mi segundo manifiesto fue: ¡¡Agradezco por Todo!


Por lo que ya tengo y por lo nuevo que vendrá. Ponerme en “modo agradecimiento” por todo lo que soy y lo que tengo, es una experiencia que me envuelve en una calidez exquisita, y que me ayuda a ver el mundo, mi vida, a los que me rodean y a los que quiero, de una manera más intensa, feliz y consciente.


¡La vida se vuelve más real y la vivo más despierta! Darse cuenta de que estamos viviendo y agradecer por todo me ha ayudado mucho y además me ha ayudado a cumplir con mi primer manifiesto.


Mi tercer manifiesto fue el de mi amiga que hice propio: Rodearme de Personas Luminosas.


¡Y eso cada vez lo encuentro más y más importante y necesario! Elegir compartir mi tiempo con personas que me inspiran y elevan mi energía, es una decisión poderosa que debería haber tomado hace mucho tiempo.


En este año 2025, elijo soltar todo lo que no me sirve, vivir agradecida, y rodearme de personas luminosas que enciendan mi energía. Porque, al final, creo que vivir con propósito no es encontrar una respuesta única, sino atreverme a crear una vida que me haga sentir plenamente viva.


Y finalmente te invito ahora mismo a escribir “Tu Manifiesto 2025” y compártelo con una amiga o amigo antes de que el primer mes del 2025 acabe porque si no, no se cumple……ja ja ja ja….


¡Te mereces transitar tu año 2025 con Tu Manifiesto!

 
 
 
  • Foto del escritor: Amparo Velasco
    Amparo Velasco
  • 5 ene 2025
  • 3 Min. de lectura

Después de una carrera dedicada y exitosa, ocupando puestos de relevancia en grandes marcas de tecnología a nivel mundial, hoy me encuentro reflexionando: ¿Cómo llegué hasta aquí?

 

La pandemia trajo consigo más que cambios sanitarios; impactó profundamente la economía, y muchas marcas comenzaron a reducir sus gastos operativos en América Latina. A partir de ese momento, escuchar sobre despidos masivos en empresas líderes del sector TI cada seis meses, se volvió algo habitual.

 


Hace año y medio, fui parte de uno de esos recortes. El golpe me tomó por sorpresa: no hubo señales, rumores, ni advertencias. El impacto no fue inmediato, sino gradual. En su momento, no dimensioné del todo la magnitud de lo que significaba. Pero poco a poco, caí en la cuenta de que el regreso a roles y empresas similares no sería tan sencillo como pensaba.

 

Si tuviera que describir esa sensación en términos climáticos, diría que recibir la noticia fue como un aguacero en el sur: te toma desprevenido, entre nubes y sol. Intentas apurar el paso, tal vez correr un poco, sabiendo que la tormenta pasará y, aparte de la ropa y el pelo mojados, no habrá mayores consecuencias. Sin embargo, a medida que los días se convierten en semanas y las semanas en meses, sentí cómo la lluvia se transformaba en un temporal. Cerré ventanas, protegí lo que pude, intenté mantenerme firme. Hice todo lo que creía necesario: cursos, redes de contacto, reuniones de "networking", entrevistas. Algunas oportunidades parecían casi seguras, pero al final, todo se desvaneció. Tras un año, me di cuenta de que, a pesar de mis esfuerzos, nada había cambiado.

 

Ahí fue cuando llegó la tercera fase: la devastación que sigue a un huracán. Esa fuerza que arrasa todo a su paso y te hace sentir impotente, incapaz de controlar lo que ocurre a tu alrededor. Me encontré perdida, sin la misma energía ni el impulso para seguir intentando.

 

A menudo escuchamos hablar de igualdad de oportunidades, equidad de género, diversidad e inclusión. Pero lo que realmente sentí fue cómo esas palabras en la práctica, son sólo eso : palabras. Terminé enfrentando lo que muchos llaman "edadismo", el "síndrome del impostor", y una sensación constante de ser descartable. A medida que estos pensamientos se apoderaban de mí, me vi en riesgo de perder mi energía y optimismo. Incluso ahora, sigo batallando con esos sentimientos, aunque intento recordarme constantemente que todo estará bien. Que aún tengo mucho por hacer, aunque el verdadero reto es saber qué hacer y cómo seguir adelante.

 

En el camino, he participado y avanzado en varios procesos de selección, hasta que la comunicación dejó de fluir, sin mayor información. Me he involucrado en  dos proyectos importantes, que me sacaron de mi zona de confort. Dejé uno para seguir el otro que consideraba mi sueño, pero al final, terminé sin nada. Empecé desde cero, tomando cursos y programas de formación para mantener la esperanza y potenciar mis redes de contacto. He comenzado a hacer consultorías temporales y vislumbro alguna actividad de ese tipo en el futuro.


En este punto, el temporal, por ahora, ha amainado.

 

Lo que más he aprendido en este proceso es a aceptar la ayuda que te ofrecen  personas que aparecen en tu vida, sin más intención que la de apoyarte, acompañarte y compartir. Te das cuenta de cuántas experiencias son similares en tantas mujeres y casi sin quererlo, envuelta en ese cariño, me empecé a mirar a través de sus ojos, más amables y generosos que los míos. Sus consejos, aunque a veces parezcan pequeños, pueden marcar la diferencia, si tienes el valor de implementarlos y si te apoyas en la energía con que vienen dedicados.


Esto que escribí responde precisamente a esa mirada externa que recibí de una mujer valiente y decidida, que me contagió su fuerza y su convicción. Me enseñó que, si ella creía en mí, yo también debía hacerlo.


No es fácil, pero empezar es lo que estoy haciendo ahora.

 

 

 

 
 
 

SUSCRÍBETE

Gracias por suscribirte a Juntas

JUNTAS Blog | 2021

bottom of page