"EL CONTEXTO DE LA MUJER INGENIERA"
- Karla González Novion

- 23 jun
- 5 min de lectura
Esta columna se relaciona con “El Contexto de la Mujer Ingeniera”, que me parece interesante compartirlo, pues influye en el desarrollo laboral, y en los saltos que te atreves a dar en cada etapa de ella.
El mundo de la Ingeniería tiene una participación masculina dominante, desde sus inicios han sido los hombres los que componen mayoritariamente este universo de profesionales.
Ser Mujer Ingeniera es ser de la minoría siempre, sobre todo en las áreas de la Ingeniería Civil, Eléctrica, Mecánica y Minas, y toda especialidad que se relaciona con la Tecnología.

La proporción es más equilibrada en las áreas de Medio Ambiente e Industrias, según parece.
Al inicio de la carrera, cuando ingresas a tu primer trabajo, y te encuentras con colegas desconocidos, ya no los compañeros de la universidad, debes validarte ante ellos.
Lo que quiero decir es que no basta con llegar a ese espacio laboral con el título de Ingeniera, el sistema humano que te rodea parece requerir que lo demuestres, para que muy de a poco te entreguen desafíos interesantes, y no estés demasiado rato en tareas más bien administrativas.
La actitud de la joven ingeniera, que ya ha compartido con sus compañeros de carrera y por lo mismo conoce códigos que le pueden ayudar a moverse por esas aguas masculinas, hacen que, ante la primera posibilidad de mostrar sus capacidades, se lance con todo al bendito desafío (una mezcla de Mulan o Valiente de Disney).
Las mujeres desde siempre en entornos intelectuales dominados por hombres vamos sobre entrenadas, por si nos preguntan o nos piden conceptos que van más allá de la tarea, sabemos que las posibilidades no se dan fácil, así que somos una mezcla de mujer hiperventilada y profesional sobre estimulada.
El compartir con las amigas en esos días es muy estimulante, conversando cada una sobre esto de tener que demostrar lo que el título ya te otorgó.
A medida que pasan los años y ya empezamos a ser candidatas a roles de mayor responsabilidad, del tipo jefatura o gerencia, intentamos ser parte de las conversaciones importantes, donde se toman las decisiones, y eso no es tan simple.
Hay una forma especial de estar en “la toma de decisiones”, que va más allá de la reunión de gerencias, análisis de desempeño, o presentaciones de proyectos, es como un segundo piso (simulando al gobierno), donde se decide finalmente quién y cuando tendrá su dominio. Esto puede ocurrir en el tercer tiempo del partido de fútbol, el happy hour o en conversaciones donde estamos presentes, pero los temas son algo excluyentes, algo así como el club de Toby recordándose mutuamente anécdotas propias de la amistad que se demuestran, y que nos dejan fuera, de una manera muy sutil y seudo respetuosa.
Si eres Madre Ingeniera el contexto se pone más desafiante aún, sobre todo si aspiras a más responsabilidades, porque la empresa piensa en la productividad y sus indicadores de desempeño, que no calzan con las posibles licencias que la madre podría tomarse o la carga de la crianza, que a pesar de ser compartida, la Gerencia General de la Crianza casi siempre recae en la Madre.
Cuando maduras se ve distinto el panorama, se te respeta por la trayectoria y roles desempeñados, pero puedes resultar no tan sexy en algunos puestos para ciertas empresas, entonces empiezas a diluirte del mapa de actores relevantes. Convengamos que esto del edadismo también les afecta a los hombres.
Entonces la Mujer Ingeniera se mantiene vigente, estudia diplomados, programas, y se capacita, porque la brecha de género está siempre rondando sus contextos laborales. Surge el deseo de ser Directora de algún Gobierno Corporativo, y nos preparamos para ello, aunque las cifras son desalentadoras en cuanto a la participación femenina, además de otras barreras de entradas propias del mundo de los Directorios, pero aún así, nos preparamos para este posible reto.
Cada momento laboral tiene su contexto y su propio desafío, que la Mujer Ingeniera como una Súper Heroína sabe enfrentar, con sus superpoderes, algunos muy invisibles y otros muy evidentes.
Como Mujer Ingeniera hemos observado como se mueve el mundo de la Ingeniería, desde la minoría que somos, y por un buen tiempo desde una posición de menor relevancia que los hombres, lo cual nos hace mirar con menos apegos el sistema, sobre todo hacia lo que siempre se ha realizado de cierta manera, y eso nos da más libertad mental para aplicar creatividad e innovación, que aquellos que han sido siempre parte del sistema. No aprovechar esta mirada es una pérdida para la Ingeniería, y por el contrario integrarlo le puede dar nuevas posibilidades de evolucionar hacia otros destinos.
Las Mujeres nos preguntamos más a menudo la siguiente interrogante ¿Es correcto seguir con esta práctica? Donde la normativa ha evolucionado, el conocimiento nos aporta nuevas miradas y somos más conscientes de los impactos de las intervenciones humanas, y considerando su contexto. Nos atrevemos a cuestionar la ética de ciertas prácticas, lo cual muchas veces afecta a los que se sienten muy cómodos con lo establecido, así que las Ingenieras metemos ruido.
Me parece que las Mujeres logramos tener una mirada integrada o más amplia, en general, no nos cuesta tanto salirnos de la caja, tal vez, porque hemos debido innovar innumerables veces para nosotras encajar en tantos moldes, en cada lugar en el que nos hemos desempeñado como Ingenieras.
El hecho de ser minoría en los espacios laborales, muchas veces nos vuelve más empática con aquella persona que llega y es nuevo en el equipo, con la secretaria, o con los de las áreas de administración y legal, que tienen una proporción más equilibrada de hombres y mujeres, incluso a veces sintiéndonos más integradas en áreas que no son de Ingeniería.
Los contextos van cambiando, pero lo que nunca cambia es que siempre somos minoría.
Encontrarse con rostros conocidos de la universidad es un regalo en la mayoría de los casos, porque es tan automática la mutua aceptación de trabajar juntos, algo así como haber ido a la guerra juntos, que de alguna manera es cierto, pues lidiamos varias batallas en algunos ramos tan complejos y exóticos.
En mi opinión el mundo de la ingeniería tiene aún demasiados sesgos; los hombres son más tecnológicos, las mujeres son mejores en lo administrativo, por mencionar algunos, que encasillan a mujeres y hombres, lo cual no es ventajoso para ninguno.
Ser Mujer Ingeniera es saber escuchar, sí, escuchar mucho, para solo así entender tu contexto y saber actuar y hablar en él; cómoda, libre y confiada, porque las comunicaciones son esenciales en cualquier trabajo, y debes comunicarte con claridad, integrando a todos, convocando, y facilitando la participación de los diferentes colegas.
No da lo mismo tomar decisiones de manera colectiva, integrando al equipo, a realizarlo a puertas cerradas, no solo porque la solución pudo haber sido más enriquecida, si no por lo que socialmente significa y las señales que transmite al entorno, y así tu contexto lo transformaste.
A todas las Mujeres Ingenieras les digo que son tremendas y únicas, locas y creativas, y que el viaje laboral es una experiencia extraordinaria digna de vivir y compartir.
Vamos por más!!!!



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